miércoles, 23 de mayo de 2012

Article de Sánchez-Salinero

La Maria m´ha passat aquest article que parla d´un sentiment que és molt comú entre molta gent. És una reflexió molt bona i he decidit reproduir-lo en la seva totalitat. Gaudiu i reflexionem del pensament de l´autor, sense dramatismes, però pensem, que per això està la paraula:
 “¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”. Aforismo castellano.
Cuando  analizas  lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las  causas  que  provocan  su  situación, porque sólo trabajando sobre las causas,  puedes  cambiar los efectos. Y no tengo ninguna duda de que una de las  principales  causas  de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue  la  actitud  de  la  generación  de  nuestros  padres,  y  una  de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.
Recuerdo  que  hace  años,  un  empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el  ambiente  te  recuerda  la  España de los años 70. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus hijos vayan a la  universidad…  Cuando  una generación está así centrada, no hay quien la pare”  Este  pensamiento  me  hizo reflexionar entonces y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.
Mis  padres  tienen  en  torno  a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo,  honradez,  austeridad,  previsión y generosidad. Pertenecen a una generación  que,  como  dice  mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para sus hijos.
Son  una  generación  que compraba las cosas cuando podía y del nivel  que  se  podía  permitir, que no pedía prestado más que por estricta necesidad,  que  pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba  algo”, y  se  bañaban  en  ríos  cercanos,  disfrutando  de  tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.
Sabían  que  el  esfuerzo  tenía recompensa y la honradez formaba parte del patrimonio  de  cada  familia.  Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.
La  democracia  significaba  libertad  y posibilidades y seguir viviendo en armonía y respeto. Y cometieron los dos peores errores
:
1)  “Que  mis  hijos  no  trabajen  tanto como trabajé yo”. Nos cargamos la cultura del esfuerzo y del mérito de un plumazo, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.
2)  “Como  tenemos  unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”.  Con  lo  que mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las  cuentas  corrientes  de  sus  padres,  que  daban  la impresión de ser inagotables.

Y  todos  nos  volvimos  ricos  (en  apariencia),  todos nos convertimos en gastro-horteras.  ¿Conocéis  a  alguien  que se atreva a comer un bocata de chorizo?  Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas deconstruidas  al  aroma  de  los  almendros al atardecer. ¿Y qué decir del vino?  Pasamos  del  Don  Simón  con  Casera,  al  Vega Sicilia sin fase de descompresión.  El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque,  con  un  retrogusto  alcohólico,  que  adolece  de un cierto punto astringente,  con demasiada presencia de roble. Esto, por supuesto, a golpe
de  docenas  de euro, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto, como ocultar la ignorancia!

En  Alemania  no  daban  abasto  a  fabricar  Mercedes, Audis, BMW para los españoles. Irrumpió Europa en nuestras vidas y llegó en forma de mega infraestructuras que  producían  mega comisiones para todos los involucrados. Además llovían las subvenciones,  nos  daban  una  fortuna por plantar viñas y luego a los dos años  otra fortuna por arrancarlas. Que llegaba un momento que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿Qué toca este año?

En  mi  casa  siempre  he  tenido  un  ejemplo  vivo de cordura, honradez y esfuerzo.  Y  no  han  sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho,  dicen  que  al  revés,  que  han sido bastante más. Debe ser que la sencilla  tortilla,  el  melón  fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner  las  cortinas  cosidas  por  nuestra  madre, con ayuda de la abuela, trabajar  y  echarle  huevos  para emprender (aunque no lo llamaban así) no debía ser mala receta.

Desde  aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos  regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos,  que  todos  hemos  aplaudido  la  locura),  y  que sólo con que nos descuidemos  un  poquito  más,  le  vamos  a  dejar  a  nuestros  hijos  un protectorado  chino,  donde  serán  unos esclavos endeudados y tendrán unas historias  legendarias  sobre  la  prosperidad  que  crearon  sus  abuelos, empeñaron sus padres y son incapaces de imaginar los nietos.
Fernando Sánchez Salinero en la Casa del Libro

Au siau

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